La proa visionaria: La Cumbre que no fue

Hace unos seis años tuve la oportunidad de hablar personalmente con Enrique Iglesias en la sede del SEGIB en Madrid. Un hombre abierto, acojedor y sensato con una visión clara para un continente que ama de todo corazón. Y tiene razón cuando dice que la Cumbre Iberoamericana no fracasó por la ausencia de un número importante de jefes de estado. Tampoco leí en ningún periódico que dijo que fue un éxito.

Opino. Esta cumbre es un fiasco. Un fracaso por la ausencia de una visión digna para un continente con abundantes recursos naturales y una población joven y creciente. Miren el Plan de Acción y las declaraciones: cuenta a la vez con minuciosas declaraciones, tocando temas como el agua, la administración pública, la posibilidad de paz en Colombia, los pueblos indígenas, etc como puntos de acciones generalizados al extremo para crear y consolidar órganos de coordinación sin objetivos claros.

Por suerte ya no más utilizada como cafetería para espetar propaganda contra un imperialismo fantasma, la cumbre tuvo como resultado el producto ejemplar de una reunión de directivos intermedios y no el de líderes visionarios: pactaron la coordinación sin estipular una visión transparente, sin una estrategia clara ni unas metas realizables para su continente.

Quizás yo no lo tengo correcto y es justamente esto el resultado deseado, la realidad económica y social exige una respuesta diferente. Los jefes de Estados lo saben, sabiendo igual que romper la dinámica política interior para construir algo más grande cuesta en su moneda local y la moneda política. Los avances son lentos y las reformas, si hay, insuficientes.

La Unión Europea está muy consciente de que sólo no puede afrontar los retos del signo XXI. Paulatinamente la UE y los EEUU trabajan para crear un espacio único con un mercado común y un mercado financiero completamente integrado. La cumbre iberoamericana habla de integración y consolidación a nivel cultural.

¿En dónde se quedará América Latina? Cada año los 15 hombres más ricos de América Latino se reúnen para juntos dar una respuesta a la crisis (y las oportunidades) que atraviesan el mundo. Ellos sí parecen ser consciente que la unión hace la fuerza (lo que, paradójicamente, es el lema de Bélgica).

La realidad es, y lo lamento, que la mayoría de los países de América Latina queda fuera de una integración financiera, tecnológica y económica regional o una integración real con sus mercados de exportación. México reconoció esta necesidad hace 20 años y es miembro de la OCDE desde 1994. Chile lo es desde 2010. Colombia es en el proceso de mientras Brasil lo hace más bien “à la carte”.

Cuando los debates sobre la educación y la cultura son evidentemente necesarios y quizás de altísima importancia, exponen a la vez el gran desafío del continente latinoamericano: definir dentro de su diversidad una estrategia para desarrollarse durante los 2-5 siguientes décadas. Dentro del marco de esta cumbre, me pregunto: ¿Dónde se sitúa en esta historia el Mercosur?